Fronterad

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Con los pies en el sueño. Fragmentos de un diario (2006-2014)

Por Javier Arteta

 

Estaba muerto y organizaba mis propios funerales y hasta elegía mi tumba. Y lo hacía con buen ánimo, como quien cumple una tarea muy grata. Hasta que entendía que el fin de aquel proceso no era otro que el de meterme en la sepultura; y entonces caía en un estado de terror, porque era finalmente consciente de que tenía que cumplir, sin dilaciones ni engaños, con mi propia función de muerto. (22-11-2006).

 

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Esta noche, sueño angustioso, trágico y recurrente, del que no recuerdo nada. Pero me he levantado de la cama como quien se alza sobre sus escombros. (13-11-2008).

 

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Somos en nuestra dimensión moral y espiritual lo que somos en nuestra pura dimensión física: un saco de mierda. No sólo eso, claro está, pero también eso. (14-12-2008).

 

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El amor es química, dicen y reiteran los científicos. Pero, ¿se podría hablar en sentido inverso, para asegurar que la química es amor? Y los científicos, entonces, ¿otra forma de ser poetas? (8-2-2009).

 

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En la reflexión intelectual se tiende a desdeñar lo superficial. Pero lo cierto es que no dejamos de ser pura superficie y queremos seguir siéndolo, salvo que nos convenzan de que lo mejor es volver a las profundidades del líquido amniótico originario. Lo mismo ocurre con el rechazo a las apariencias, un tanto contradictorio con el hecho de que somos, como seres vivos, una simple aparición. Aparecemos y desaparecemos. En eso, y no en lo del ser o no ser, consiste ese embrollo metafísico de la vida y la muerte, en el que tan frecuentemente nos enredamos. (19-4-2009).

 

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En sus crónicas de la guerra civil enviadas desde el frente, Miguel Hernández habla de los soldados del Ejército republicano que cayeron con una sonrisa en los labios combatiendo al fascismo. La expresión me ha hecho gracia y me ha dado que pensar; porque eso de morir con la sonrisa en los labios también lo decía mi padre, combatiente requeté, cuando se refería a sus propios caídos frente a los rojos. La guerra del 36. Contendientes irreconciliables compartiendo un mismo envoltorio místico: el que segregan siempre los conflictos sustentados en causas ideológicas. (4-7-2009).

 

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La vida, ese problema cuya resolución está en la muerte. Múltiples caminos y argumentos diversos para llegar a ella, pero la solución siempre será la misma. Por distintas, y hasta contradictorias, que parezcan las vías de acceso, conocemos de antemano la respuesta. Vista así, la muerte no tendría por qué inspirar terror, sino una curiosidad más o menos apasionada. (28-7-2009).

 

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Mi cara vista desde el espejo, cada vez más parecida a un ancestral vecindario de espectros. A veces, es mi padre quien me mira. Otras, mi madre o tío Alberto. Últimamente, me parece adivinar los ojillos de mi abuela Concha apropiándose de los míos. Este que veis aquí, ¿quién diablos es, si es que es alguien con una consistencia real, y no un mero fragmento hecho de múltiples reflejos? (28-7-2009).

 

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El complejo de inferioridad que se me instala al confrontar la humildad de mis intentos con la perfección alcanzada –y a veces sólo confusamente advertida– de algunos grandes maestros que dejaron tras de sí una obra única. Me siento muy pequeñito, muy distante de esa constelación de espíritus selectos, cuyas realizaciones se me aparecen a veces como una losa de perfección que sepultara cualquiera de mis débiles gorjeos. Aunque, por otro lado, no dejo de pensar en que ellos no fueron sustancialmente distintos de lo que soy yo ni dejaron probablemente de padecer las mismas dudas e inquietudes que a mí me asaltan. Yo, como ellos, me veo circundado de un halo de luz, fuera del cual no hay nada, salvo la oscura inmensidad de todo lo que ignoro. Eso es lo que, en última instancia, podría compartir con cualquier genio del pasado; y lo que me pondría en buena comparación con un Leonado Da Vinci: que es muchísimo más, infinitamente más, lo que ignoro que lo que sé. (6-9-2009).

 

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Aún. Todavía: excusas, parapetos que día a día colocamos, tratando inútilmente de cortar la avalancha de lo que ha de llegar inexorablemente en un ahora que será definitivo. (1-11-2009).

 

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Uno compra periódicos supuestamente para informarse acerca de lo que ocurre por el mundo. Pero, a las puertas de la tienda, se encuentra con un borracho balbuciente y alelado, que apenas puede tenerse en pie y que parece decirte: ¿De qué quieres enterarte, si yo te lo puedo contar todo? (18-4-2010).

 

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Necesito un rabioso ajuste de cuentas conmigo mismo. Literario, por supuesto. Pasarme por encima un carro de palabras como cuchillas que me abran en canal. Intervención quirúrgica de urgencia que me ayude, no sé si a eliminar o a conllevar esta luz que duele. Poder decir lo que me pasa en la única forma en que podría ser contado. Coger, mejor, lo que me pasa y transformarlo en escritura. La poesía necesaria y urgente que aguarda golpeándome la piel con sus nudillos despellejados. Y humor, mucho humor, una maroma de poesía y humor para escalar los muros del pozo… (27-6-2010).

 

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Habíamos fusilado a un hombre y quedaba pendiente rematarle con el tiro de gracia. Y disparábamos a la cabeza (más bien, otro disparaba, porque yo apretaba el gatillo y no salían balas), pero el hombre no terminaba de morirse y se contorsionaba y gemía de un modo que partía el alma, debatiéndose en una agonía espantosa. (1-7-2010).

 

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Esa obsesión por no perder el tiempo. ¡Como si pudiéramos llevar el tiempo en el bolsillo a nuestra entera y particular y arbitraria disposición! ¡Como si, en realidad, no fuera el tiempo quien nos va perdiendo y olvidando por el camino! (3-7-2010).

 

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Cada vez más a merced del viento. Como una página en blanco pendiente de ser escrita. A la espera, pues, y que me llegue lo que, al fin, me tenga que llegar. Como estas palabras, un tanto sonámbulas, que ahora tecleo y que fluyen sin demasiado pensamiento previo, porque se limitan a dar forma a una pura necesidad personal. Tan pura y elemental, que yo diría que es una necesidad orgánica. Palabras que saltan al folio sin vestir. Como quien abandona su casa precipitadamente, porque en ella se ha declarado un incendio, y sale a la calle en pijama y zapatillas. (11-9-2010).

 

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Mi fantasía, ya sin piel, se ha quedado en los huesos. Ni piel ni fantasía. Tan sólo una dureza mineral de lo que cae, para pudrirse, al suelo. Un amasijo de recuerdos que son fósiles de ti mismo y al estrellarse tal vez produzcan algún sonido hueco. ¿Tu palabra? (13-9-2010).

 

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Nuestro problema: llegar a la vida envueltos en un cuerpo que generalmente no está hecho a nuestra medida. Ocurre como cuando se llegaba al servicio militar –la mili– de nuestros tiempos: que el cabo furriel distribuía los uniformes conforme el recluta iba llegando, con independencia de su tamaño. Y, así, podía ocurrir, y ocurría con frecuencia, que gente como un armario se enfundara en unos pantalones ridículos que le llegaban a mitad de la pierna; y auténticos enanos fueran casi arrastrando los uniformes por el suelo. Pues en la vida como en la extinta mili: con cuerpos desajustados en los que no cabemos o que nos vienen grandes en relación con todo aquello que la vida nos exige. (22-1-2011).

 

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Todos los seres humanos que vemos al otro lado de la cámara son nuestros hermanos. Mejor, entonces, que no se acerquen demasiado a nuestras vidas y, por su carácter de vecinos molestos, acaben perdiendo la perspectiva que les hace ser merecedores de compasión. (20-2-2011).

 

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Un sentimiento incontrolable que se disfraza de normalidad. Incendio que inexplicablemente no quema tus ropas, porque se esconde tras un andar tranquilo. Lo que podría quemar, aunque a la vista sea tan sólo una gélida barra de calma. Andar sin rumbo, la dirección perdida, por los desolados caminos de la costumbre, para llegar a donde sabes que nadie te espera. Disimular y hacer como que nada pasa, cuando ha pasado, marcándote la piel. Y hacer como que vives por el simple hecho de carecer de otras alternativas. (25-2-2011).

 

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Busco desesperadamente lo que ya me ha encontrado y me niega por su carácter de objetivo imposible. Tal vez el rayo de luna de la leyenda de Bécquer. (3-3-2011).

 

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Días casi veraniegos para esta época del año. Azul y transparencia absoluta. Y una alegría y una exaltación de cuerpo ligero y aéreo. En días como estos el aire es dueño de todo. Lo demás –árboles, calles, paseantes, pájaros– su manifestación explícita, cuando no el pretexto escogido para que el aire se manifieste en toda su verdad. (8-4-2011).

 

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A veces nos tomamos la realidad demasiado en serio. Tan en serio, que nos privamos de dar el salto hacia otras realidades posibles desde el trampolín de nuestra imaginación. Se nos olvida con demasiada frecuencia que la fantasía forma parte de lo real. (25-7-2011).

 

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¿Reír? ¿Llorar? Mejor reír por no llorar. Reír hasta que se te salten las lágrimas. Reír hasta la frontera del llanto. (14-8-2011).

 

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Muertos. Con mucha o poca inexistencia encima. Con un año o cuatrocientos sobre sus huesos… ¿Importa algo? Son nada. No cuentan. Radicalmente al otro lado de la vida humana. Aunque tal vez quien se acaba de marchar pueda, Lorca mediante, necesitar su tiempo para que se acostumbre con la muerte que lleva. (22-8-2011).

 

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Exiliado en las secas orillas de mi sangre. Expulsado a lo inhóspito por el bombeo de un cuerpo que me niega. Perseguido en la huida por los perros que corren tras mi piel, de la que voy desprendiéndome para burlar las dentelladas del acoso. Disimulando en máscara un rostro de ahorcado del que tira con fuerza un deslizamiento en desplome de mis vísceras. (24-10-2011).

 

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La palabra, ese pisapapeles para sujetar un cuerpo arrastrado y a la deriva por el ventarrón de los años. (7-12-2011).

 

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Lo sustancial de la crisis económica: los ceros a la izquierda absorbidos por la histeria de los ceros a la derecha. Y a uno se le hace ya difícil sonreír, por miedo a hacerle un nuevo descosido al déficit; o echar un polvo que disperse energías que habría que utilizar, dicen, para el arreglo de la economía que se escurre por el hueco sin fondo de los ceros inútiles. Reír, follar, comer a dos carrillos, tirarse un pedo con entera libertad… empiezan a ser crímenes de alta traición contra el sistema. El sacrilegio de gozar sin antes hacer números, en lugar de escribir poesías líricas, que, para algunos desvergonzados, resulta lo procedente y, además, salen gratis. ¿Qué libertades son ésas, las de utilizar para el disfrute un cuerpo destinado al sacrificio? Moraleja: el nuevo orden mundial consiste en enamorarse mientras el mundo se derrumba a tu alrededor. Y la consigna: llamada a la rebelión de los ceros a la izquierda. Ámame porque no ocurre nada (Leonard Cohen). (10-12-2011).

 

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No deja de ser conmovedora esa tendencia nuestra a proteger la inocencia de los niños, haciéndoles creer en historias como la de los Reyes–Magos–que–reparten–juguetes. ¿O es nuestra inocencia perdida en cuanto adultos la que de algún modo pretendemos rescatar a través de los niños? (5-1-2012).

 

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Desde niño, habituado a ver el revés de todas las cosas: el tedio, tras el gozo del día de fiesta; la rutina, tras la alegría de las grandes celebraciones; la soledad final, como desenlace inevitable de los momentos de compañía… Una sensación permanente y profunda de soledad, frente a una tarde inmensa y desvaída, rodeado de objetos rotos y sin alma, en un patio oscuro alfombrado de periódicos viejos. (28-1-2012).

 

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¿El mundo interpretado a la medida de tu pequeño cuerpo? ¿Y por qué no? Es el único observatorio con que se puede contar para irlo conociendo. Nadie podrá interpretar el mundo mejor de lo que yo lo hago, por la sencilla razón de que nadie puede interpretarlo por mí. (28-1-2012).

 

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Tengo que defender mi juventud palabra a palabra. Cuando me suelte de la última, caeré definitivamente al vacío. (8-2-2012).

 

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Las palabras no dichas, ¡cómo pesan!, ¡cómo duelen!, ¡cómo se adhieren al pecho! (22-2-2012).

 

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Sin fuerzas ni para ser malo ni para ser bueno. Porque ser malo o bueno necesita una capacidad de esfuerzo que hace tiempo que no tengo. (25-3-2012).

 

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¿Tengo la edad del último y más joven de mis poemas? ¿O la del aire enrarecido y espeso que se me filtró por la sangre, impidiéndome conciliar el sueño la pasada noche? ¿La del que se asoma a la mañana nueva por los senderos, siempre renovados, de un aroma a café que te da la bienvenida? ¿O la del que, vencido por el día que se extingue, siente el goteo de los años por entre las oquedades de su cuerpo? ¿La del que dice definitivamente adiós a la sorpresa? ¿O la del que todavía la espera en el momento preciso en que siente estrenar un instante glorioso y nunca visto de su existencia? ¿La edad de quien se empeña sólo en perdurar, dando la espalda a los hallazgos? ¿O la del que, abrazo tras abrazo, sólo aspira finalmente a caer en posición fetal en manos del olvido? (5-4-2012).

 

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Una música, unos versos que te desentierran. (19-5-2012).

 

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La lucha de clases entendida en su máxima crudeza: confrontación entre quienes son, y se sienten, de alguna parte y quienes ni son ni se sienten de ninguna, porque no tienen donde caerse muertos. (4-6-2012).

 

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No tenemos costumbre de morirnos. Nos morimos una sola vez y es para siempre. Es natural, por tanto, que el paso previo al último suspiro nos coja sin entrenamiento previo. ¡Qué extraño, que pueda llegar a pasarnos eso a nosotros, que estamos aquí de toda la vida! Estamos acostumbrados a vivir, cuando la vida es algo tan atípico. Unas cortísimas vacaciones para salir a respirar desde el territorio del olvido. Así pues, todo lo que hacemos no es otra cosa que ir del olvido al olvido pasando por la vida. ¡Qué raro es todo esto! (6-9-2012).

 

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A veces, las cosas parecen entregársete como en una donación de amor. Te eligen el momento y el lugar más propicio para que las contemples con un arrobo que tiene mucho de religioso. No sabes bien, entonces, si realmente estás mirando o más bien has sido invitado a mirar, en ese instante en que las cosas llegan a adquirir  una claridad de fuente, como la que puede reflejarse en unos ojos arrasados en lágrimas. (3-11-2012).

 

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El placer: la mínima compensación moral a que es acreedor un cuerpo vivo, fatalmente sometido al sufrimiento que le acabará despeñando por los abismos de la muerte. (5-1-2013).

 

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Hay que desconfiar por sistema de quienes afirman que van con la verdad por delante. Y no porque mientan, sino precisamente porque su afirmación es rigurosamente exacta. Tienen la verdad tan adelantada, que probablemente han acabado perdiéndola de vista. (22-2-2013).

 

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La palabra poética, al rescate de la juventud que se pierde, como depósito de los sentimientos y latidos que emanaron de un cuerpo joven. (3-3-2013).

 

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A veces, cuando menos te lo esperas, te llega de golpe el pasado como un grumo sin digerir que parecía ya disuelto, pero sigue ahí, vivo en el fondo de tu organismo, dispuesto a estropearte con sus ácidos la digestión de lo que ha venido siendo tu trayectoria existencial. (11-5-2013).

 

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Supongo que la mejor forma de morirse no es otra que morirse de tristeza; porque tener que marcharse de este mundo cuando a uno le rebosan las ganas de vivir no deja de ser una putada del todo punto inoportuna. (8-6-2013).

 

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Superviviente de todas las matanzas. Alguien olvidó mi destino de víctima. No acierto a ver en qué extraña justicia se basa el hecho de estar aquí y ahora, disfrutando del privilegio de vivir. Vivir, poder vivir, al margen de las leyes que rigen el holocausto en que se ven inmersas las inmensas mayorías. Hay un truco de fondo, eso seguro. Respirar tiene un precio, como todo. Los guardianes del campo reparten aparatos de televisión que nos recuerdan la suerte atípica de haber llegado a estar del otro lado. Y su obsolescencia programada. Y a veces te sugieren, preparándote con palabras cada vez más rugosas, que alguna vez, cuando haga falta, te encontrarán. No hay quien pueda escapar, y tú tampoco, por mucho que, tratando de hacerte el muerto, pretendas engañar al verdugo, hoy demasiado atareado en descongestionar el matadero antes de poder empezar a hacerse cargo de ti. (12-7-2013).

 

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Una ausencia hecha huella, la de esos muertos que parecen fingir estar muertos jugando al escondite con los vivos. Esa coquetería de algunos muertos, que van dejando pistas para que se les pueda echar de menos y, así, acabemos topando con ellos en su refugio de la eternidad. (17-7-2013).

 

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Por la mañana, atravesado por una poderosa corriente de optimismo. ¿Por alguna razón? Por ninguna de carácter lógico. Quiero decir que no existía razón alguna para la alegría a la que no me pudiera acoger unas horas antes. Lo que ocurría, simplemente, era que el azul de nuevo día se me filtraba por la piel, arrastrando consigo cualquier atisbo de lógica malsana. Estaba en manos de la lógica de la luz. (31-7-2013).

 

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No es verdad que los ricos se hallen, como tanto se dice, desprovistos de sentimientos. En realidad, tienen un corazón de oro. ¿Cómo, si no, podrían pagarse esos valiosos camellos que los transportan al Reino de los Cielos pasando por el ojo de una aguja? (22-12-2013).

 

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Una escena de rigurosa actualidad que nos retrotrae a las más antiguas y veneradas narraciones. Esa mujer iraní, Samereh Alinejad, que había conseguido el “privilegio” de retirar la silla bajo los pies de quien iba a ser ahorcado por matar a su hijo y acaba perdonándole la vida y quitándole la soga del cuello, tras haberle dado una bofetada como desahogo previo por todo el sufrimiento que el asesino le causó… ¿Por qué actuó así? Su marido lo explica: “Hace tres días mi esposa vio a mi hijo mayor en un sueño; le dijo que estaba en paz en un buen lugar y que no tomara represalias”. Los gritos en petición de clemencia del condenado hicieron el resto para activar decisivamente la reacción compasiva de la mujer. Pero el germen de esa reacción ya estaba en el sueño. Y uno lee esto y le parece estar leyendo un pasaje del Nuevo Testamento, con ese aroma de milagro –o de transformación milagrosa– que las narraciones evangélicas arrastran. (20-4-2014).

 

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Entraba en una casa de apuestas cuando iban a cerrar y los empleados estaban ya preparados para marcharse. No me podían atender, pero yo les decía que había entrado a abonarles un dinero, por una extraña obligación que ahora no recuerdo muy bien en qué se basaba. Lógicamente, me miraron con cara de estupor. Consideraban mi actitud altamente sospechosa y llegaron a amenazarme con llamar a la policía. Estaban tan convencidos de que tramaba algo contra ellos, que me vi en la obligación de calmarles. Y les decía: “¿Pero realmente creen que he entrado aquí con malas intenciones, con esta cara de ingenuo que tengo?”. Y me miraban y llegaban a la conclusión de que, dada mi expresión de absoluta inocencia, no ofrecía peligro alguno. Y uno de los empleados me alargaba un fajo de billetes antes de irme. “¿Y esto?”, preguntaba yo muy extrañado. “Es para que no vuelvas”, me explicaban. “Ah, pues muchas gracias”, respondía yo. Y, acto seguido, me marchaba. (12-5-2014).

 

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El cambio de perspectiva que se abre paso con los años. De joven, mirabas al futuro, que era tu espacio natural. De viejo, te das con él de frente y todo lo que puedes contemplar no es otra cosa que un muro cuajado de nichos que te priva del aire y de las buenas vistas. De ahí que recuperar el espacio perdido te imponga mirar al pasado. La anterior perspectiva que se alzaba sobre lo que estaba por vivir queda, pues, sustituida  por la que asoma sobre lo ya vivido. Cuestión de respirar eludiendo en lo posible el aire viciado, cuando el edificio de tu existencia experimenta mutaciones radicales; como si en tu propia casa hubiera crecido un patio interior con el que antes no contabas, y que nos priva de luz y ofende nuestro olfato, con el aroma fuerte de los guisotes rancios que tiran de nosotros hacia nuestro futuro inmediato. (8-6-2014).

 

 

 

 

Javier Arteta es periodista. En fronterad ha publicado, entre otros, ¡Qué mal matamos ahora! 45 minutos intentando ejecutar a un preso en OklahomaEspañoles, Franco ha vueltoEsto es lo que hay y Hermano Ángel

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